sábado, noviembre 04, 2006

Recorrido...

Se marchó. Me tumbé en la cama, mirando el techo de mi oscura
habitación, apenas se veia el reflejo de un rayo de luz que entraba
intruso por mi ventana, ese rayo de luz que me recordaron sus ojos, las
lágrimas que derramó en su adiós y las lágrima de placer cada vez que
tumbadas en la cama haciamos el amor, cuando su cuerpo era mio, cuando
su alma la entregaba sin un escudo que la protegiera de mi. De mi. De
mi que tanto daño le hice, pero que no fue un daño premeditado. De mí,
que lloraba cada vez que sentia que la dañaba, y me dolia el haberla
dañado y el haberme dañado. De mi, aqui tumbada en la cama.
Recorrí la casa, esa casa en ruinas que ambas amamos, y
reconstruimos tan solo con amor. Me senté a mirar las olas que chocaban
en el precipicio y perturbaba mi corazón, la luna, las estrellas, el
mar oscuro, eterno, y tú lejos, pero el vivo retrato de su mirada
seguía dentro de mi memoria.

Se marchó en la carroza de un caballero, un caballero armado,
sabiendo blandir una espada sin dañarla, y yo aquí, sin saber cómo
tomar en mis manos una espada. Esa espada dañaba mi propia piel, y
salía la sangre, coagulando mis pensamientos. Se marchó. Recorrí el
jardín donde yo desde mi puerta, la miré sin decirle adios, nada dije,
solo callé y me sumí en mis reflexiones. La veia marcharse quizás para
no volverla a ver, pero no podia reaccionar. Seria, miraba su
partida... ella sin embargo, miró disimuladamente hacia atrás y ví una
lágrima caer, mi rostro no tenia lágrimas, pero mi alma no paraba de
llorar.

Se marchó. Me detuve en la puerta, y lloré desconsoladamente con su
imagen pérdida entre los árboles de aquel bosque donde tantas veces
corrimos, y nos tumbamos en el pasto, desnudas mirando la copa de los
árboles y a veces, yo mirando sus ojos y ella los mios... y reía... y
reíamos. Entré, descubrí las teclas del viejo piano y recité una
melodía, nunca habia tocado melodias para ella, ahora lo hacia, le
compuse canciones, tenian su nombre, hablaban de ella. Las teclas eran
su cuerpo y componia, y bellas melodias salian del piano, y bellas
melodias escribí, dias enteros escribiendo en su cuerpo, componiendo en
su cuerpo. Y se marchó.

Se marchó porque lo permití, y en esa marcha hice lo que no hice
cuando ella estaba aquí, le hablé de mis verdaderos sentimientos, le
conté todo lo que pasaba por mi cabeza, la abrazé cuando quise
abrazarla, no me prohibí nada... fui yo. Dejé de tocar el piano. Ya era
hora de salir, mi pelo crecía desmesuradamente, mis uñas largas, dias
sin hacer nada por mi, todo haciéndolo por ella, casi ni comia, bebia
el vino que me recordaba sus besos.

Salí por el camino en que la ví partir.

Vi las huellas del carruaje, las seguí pero se perdieron de mi
vista a unos cuantos kilómetros, mucho me habia alejado de mi casa, no
sabia si volveria a ella. Salí así, con mis pensamientos, mi amor y mis
recuerdos, sin más equipaje que el que traia puesto. Me alojé en casas
ajenas, me daban hospedaje y de comer, conocí gente, pero a todos les
hablaba de ella, fui dejando su existencia en cada casa que me cobijó.
Pasé por lluvias, dias y noches, pero nada detenia mi andar, no
queria volver a mi casa, solo seguir... seguir. Sabia que algún dia me detendría y ese seria mi objetivo, pero no queria pensarlo. Caminé por senderos desconocidos, dormí en bosques,
a la intemperie. LLegué a la casa de un viejo que me alojó por un buen
tiempo, con él aprendí a blandir la espada, con él aprendí a darle un
sentido a mi caminar, las respuestas las tenia pero no llegaban impias
a mi mente, porque estaba bloqueada con su partida. Y lo supe, la
amaba, la amaba... si, la amaba y era tiempo de gritarlo al mundo.
Abandoné a aquel viejo y me dirigí por todos los senderos que habia
recorrido, a las casas donde hablé de ella, y les dije que si, la
amaba, ellos me lo habian dicho, me decian que seguia el rumbo hacia
donde ella estaria, pero yo ocultaba la verdad en el escudo, lo único
que supe usar siempre, pero esta vez, iba con mi espada, dispuesta a
luchar sin escudo... no importan las llagas, y la sangre, esta vez
seria por algo que valia la pena, por ella.
Retorné al camino del bosque, me quedé unos dias ahí, mirando los
árboles, todo se veia más hermoso. Crucé mi jardín y entré a la casa,
la encontré mas bella, me senté y toqué el piano, melodias salian de mi
alma, más hermosas y modifiqué las que habia creado. Muchos dias estuve
sumida en las melodias, me paré y fui a mi cuarto, cuando entré, la vi
tendida en mi cama, dormia, me acerqué a su rostro y lo besé, me tumbé
a su lado, ella abrió los ojos mientras yo la tenia abrazada, me miró y
me dijo, "ya llegaste, pensé que tardarias más", la callé con un beso y
luego de recuperar el aliento me dijo "nunca me fui, me devolvi pero ya
no estabas, te estaba esperando"..

Y asi nos quedamos, escuchando las melodias que el piano tocaba
para nosotras, sintiendo las olas del mar chocar en las rocas,
besándonos. Y asi nos quedamos... amándonos.

Y por fin supe su nombre...